VALORES

    

Los Programas de  Capacitación Bíblica Misionera y Curso de Preparación Misionera tienen como valor el desarrollo integral de misioneros y de sus familias, para el cumplimiento de la Gran Comisión a través de cinco áreas de efectividad: Formación Espiritual: Imitación de Cristo en su vida personal, familiar y comunitaria. Vida Ministerial: Ética, conocimiento bíblico y teológico, transparencia y buenos lazos con su iglesia y la comunidad donde sirve. Servicio  Comunitario: La espiritualidad se traduce en  mi vida de servicio hacia la familia, iglesia y comunidad. Salud Emocional: El estudiante misionero saludable, sabe cuidarse así mismo  como a su familia como preparación para una vida integral y saludable en el campo. Misionología: adquirir herramientas importantes para el buen desarrollo en el campo.    

 

  FILOSOFÍA EDUCACIONAL

       Los aspectos filosóficos educativos se componen de tres áreas que son la metafísica, que estudia la naturaleza de la realidad; la epistemología, que estudia como uno aprende sobre esa realidad y la axiología, que determina los valores de la realidad percibida por uno.  Como un aspecto metafísico, la teológica, es la que determina nuestra cosmovisión, está vinculada a la creencia en un Dios Trino que se revela a Si mismo a través de la naturaleza creada por El y Su Palabra escrita.  Otro aspecto de la metafísica es el antropológico, tenemos al ser humano creado a Su imagen y semejanza, impartiéndole características de Su persona que es dotada de conocimiento, emociones, espiritualidad y habilidad de crear, llevándonos a la ontología, que es un aspecto de la metafísica que estudia la naturaleza de la existencia. 

Como creyentes nuestra vida debe traer gloria a Dios y el cumplimento del mandato cultural (Gn.1:26-28,) establecido para el hombre y la mujer que disfruten de una  relación personal con el Dios Trino.  Esa relación es quebrada por la decisión del ser humano de pecar, lo que trae como consecuencia la quiebra de la comunión con Dios y toda Su creación. 

 Dios establece un  pacto de redención para la humanidad por la reconciliación a través de la muerte y resurrección de Su Hijo unigénito, Jesucristo. La acción de Su Espíritu imparte el amor de Dios que controla el mal en este mundo y establece al hombre y a la mujer redimidos en una comunidad llamada a hacer discípulos en toda etnia

 




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